Desde que la editorial Aguilar publicase el primer tomo de las aventuras de una niña llamada Celia, allá por 1932, estos libros fueron los favoritos de los niños españoles durante muchas generaciones. La autora, una tal Elena Fortún, no era una absoluta desconocida. Llevaba años publicando en “Gente Menuda”, el suplemento infantil de “Blanco y Negro”, unas simpáticas páginas que iban desde cómo quitar una mancha de tinta en la ropa, hasta cómo construir una casa de muñecas de papel, pasando por un “consultorio sentimental”. Pero nunca hasta “Celia lo que dice” se había centrado en un personaje concreto y su entorno.

Marisol Dorao

 

Durante mucho tiempo, nadie supo quién era realmente: los lectores sólo conocían su nombre (que más tarde se supo que era un seudónimo), y los editores no habían tenido la curiosidad de saber mucho más. Mientras yo fui pequeña, me contenté con leer, y disfrutar de las aventuras de aquella niña con la que me identificaba tanto. Pero coforme fui creciendo, empezó a nacer en mí la admiración por la perspicacia, y la sabiduría de aquella escritora.

 

Admiración, amor, curiosidad… y una enorme dosis de buena suerte, me llevaron a conseguir datos, ,cartas, fotos, manuscritos… Viajé a los Estados Unidos, a la Argentina, a las Islas Canarias… Me encontré, por un lado con personas que me negaron su ayuda, pero por otro, con gente maravillosa que me abrió su casa y su corazón… Y gracias a ellos ha podido escribirse esta biografía.

 

Ahora, todos los que hemos admirado a Elena Fortún, ,y hemos disfrutado con sus libros, podemos sentirnos un poco más cerca de ella.

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